¿Alguna vez ha visto, en la fachada de un edificio de oficinas, un condominio o incluso un colegio japonés, una placa de piedra grabada con los caracteres 定礎 (teiso)? Es un elemento muy habitual en el paisaje urbano de Japón, y sin embargo pocas personas —incluidos muchos japoneses— sabrían explicar con precisión para qué sirve. El teiso es una costumbre constructiva genuinamente japonesa, sin un equivalente exacto en las tradiciones de edificación de España o América Latina: no se trata solo de una «primera piedra» como la que se conoce en el mundo hispanohablante, sino de un ritual y un objeto conmemorativo con un significado propio. En este artículo respondemos primero, de forma directa, qué es el teiso (定礎) y cómo se lee, y a continuación explicamos, desde la perspectiva de un profesional inmobiliario, por qué se instala, su origen histórico, qué contiene realmente la caja conmemorativa llamada teiso-bako (定礎箱), cuándo se abre, cómo se desarrolla la ceremonia del teiso-shiki (定礎式) y qué implicaciones tiene todo esto para quien posee, compra o vende un inmueble en Japón.
Teiso (定礎, léase «teiso») designa el acto de fijar el cimiento —el礎 (ishizue), es decir, la piedra base sobre la que se asienta un edificio— y, por extensión, se usa también para nombrar la propia placa de piedra, el teiso-ita (定礎板), que se coloca en el muro del edificio como recuerdo de ese acto. Se instala como conmemoración de una ceremonia llamada teiso-shiki (定礎式), en la que se pide protección para que las obras avancen sin incidentes y para que el edificio disfrute de una larga prosperidad. Detrás de la placa se suele empotrar, como si fuera una cápsula del tiempo, una caja llamada teiso-bako (定礎箱) que guarda documentos y objetos de la época de la construcción. No existe ninguna obligación legal de instalarlo: es una costumbre de origen antiguo que se sigue transmitiendo hasta hoy por tradición, no por normativa.
Puntos clave de este artículo
- Teiso se lee «teiso» y significa fijar el ishizue (piedra base o cimiento); designa también la placa conmemorativa de piedra.
- Es el recuerdo material del teiso-shiki, la ceremonia que pide seguridad en la obra y larga vida para el edificio; no existe obligación legal de instalarlo.
- Detrás de la placa puede empotrarse un teiso-bako con planos, periódicos, monedas y otros objetos de la época.
- Por norma general, el teiso-bako solo se abre cuando el edificio se reconstruye o se derriba.
- Hoy se instala sobre todo cerca de la entrada principal; antiguamente se prefería la esquina sureste del edificio.
¿Qué es el teiso? Lectura y significado
El teiso es el acto de fijar la piedra base —el ishizue— sobre la que se apoyan los cimientos de un edificio, y la placa de piedra que se coloca en el muro para conmemorar ese acto recibe el nombre de teiso-ita (定礎板). Antes de entrar en el porqué de esta costumbre, conviene fijar bien su lectura y su significado literal, porque ambos son la clave para entender todo lo que sigue.
La lectura de teiso: «teiso»
定礎 se lee «teiso». En japonés, al tratarse de dos caracteres poco frecuentes en el habla cotidiana, algunas personas los leen erróneamente como «jōseki» o «jōso», pero la lectura correcta y establecida es «teiso». No es una expresión que se use en la conversación diaria —de ahí que incluso muchos japoneses duden al leerla en voz alta la primera vez que la ven grabada en un muro—.
El significado de teiso: «fijar el cimiento»
Literalmente, teiso significa «fijar (定, tei) el ishizue o礎 (so), la piedra base». El ishizue es la piedra que se coloca bajo un pilar de madera para sostenerlo. En la construcción tradicional japonesa en madera, si un pilar se apoyaba directamente sobre la tierra, absorbía la humedad de la lluvia y la nieve, se pudría con facilidad y quedaba expuesto a las termitas. La solución era asentar primero una piedra base y levantar el pilar sobre ella, lo que alargaba considerablemente la vida del edificio.
Decidir dónde se colocaba esa piedra base era, literalmente, el punto de partida de toda construcción. Por eso «ishizue» (礎) se usa también en japonés, de forma metafórica, con el sentido de «fundamento de las cosas» —de manera muy similar a como en español se dice que algo es «la piedra angular» de un proyecto—. El teiso condensa, en una sola palabra, el inicio de un edificio y el deseo de que perdure durante mucho tiempo.
¿Para qué se instala el teiso?
El teiso se instala para desear seguridad durante la obra y prosperidad para el edificio, y para dejar constancia de ese hito constructivo. No cumple ninguna función estructural: su naturaleza es puramente conmemorativa y devocional, y ahí radica su singularidad frente a otros elementos visibles de un edificio.
El sentido conmemorativo y devocional del inicio de obra
Los edificios actuales se construyen en hormigón armado o estructura metálica, por lo que ya casi no existe la necesidad técnica de proteger pilares de madera con piedras base. Visto solo desde la técnica, la función práctica original del teiso —fijar literalmente el ishizue— ha perdido casi todo su sentido. Y sin embargo, el deseo de que la obra concluya sin incidentes y de que el edificio se use durante muchísimos años sigue siendo el mismo que hace un siglo. El teiso-ita es el vehículo que transmite a las generaciones futuras ese deseo y ese hito de la construcción.
Por eso, en los últimos años, el teiso ha dejado de asociarse tanto al «inicio» de las obras y se ha convertido más bien en un recuerdo de su «finalización». La ceremonia suele celebrarse cuando la obra ya está bastante avanzada, y su función pasa a ser dejar constancia de que el edificio ha tomado forma sin problemas. Ese carácter conmemorativo, más que fundacional, es hoy el núcleo del significado del teiso —una diferencia importante frente a la «colocación de la primera piedra» de la tradición hispanohablante, que casi siempre se celebra al comienzo de la obra y no cerca de su final—.
El diseño de la placa de teiso y la fecha grabada
El teiso-ita suele fabricarse en piedra negra, gris o marrón, aunque también se eligen piedra blanca o acero inoxidable si combinan mejor con el edificio. Lo habitual es grabar los caracteres en tipografía mincho (el equivalente japonés a una letra serif clásica) sin rellenar de color, por lo que, según el tono de la piedra, la placa puede pasar bastante desapercibida para quien no la busca expresamente.
Casi siempre se graba también una fecha. Antiguamente se inscribía la fecha de inicio de obra, pero, como se explica más adelante, cada vez es más frecuente que se grabe la fecha en que se celebra el propio teiso-shiki. El formato varía según el edificio: calendario occidental o era japonesa, con mes o incluso con día exacto.
En los últimos años han proliferado las placas que se salen del formato clásico: algunas incorporan la filosofía corporativa de la empresa promotora o un lema, otras escriben «teiso» en hiragana en lugar de en kanji, y las hay decoradas con mosaicos de azulejo. El grado de libertad de diseño es hoy muy alto. Existen placas discretas de acero inoxidable e incluso placas que ni siquiera incluyen la palabra «teiso», de modo que, si no se presta atención, es fácil no darse cuenta de que se trata de una de ellas. Hay quien disfruta paseando por la ciudad tratando de localizar estas placas, un pequeño hábito muy japonés: los barrios con alta densidad de edificios de oficinas y equipamientos son, en ese sentido, un terreno especialmente interesante para explorar.
Esta discreción estética contrasta, de hecho, con buena parte de las placas de «primera piedra» que suelen verse en fachadas de España o América Latina, donde es habitual que el nombre de la autoridad, la institución o el promotor que presidió el acto ocupe un lugar destacado y con letras bien visibles. En Japón, en cambio, la tendencia contemporánea va más bien hacia la sobriedad: el teiso-ita se concibe como un recuerdo discreto, casi silencioso, en sintonía con una estética arquitectónica que valora la contención antes que la ostentación.
¿Dónde se instala el teiso?
No existe una norma estricta sobre la ubicación del teiso, pero hoy en día lo habitual es colocarlo en un lugar visible cerca de la entrada principal. Antiguamente, en cambio, era más común situarlo en la esquina sureste del edificio. La razón tiene raíces en la geomancia tradicional japonesa (家相, kasō, el equivalente japonés al feng shui aplicado a la vivienda): se consideraba que el noreste era el kimon (鬼門, «puerta del demonio», una dirección de mala suerte) y el suroeste el ura-kimon («puerta trasera del demonio»), de modo que el sureste, al evitar ambas direcciones, se tenía por la orientación más propicia. Se trata, en todo caso, de una costumbre y no de una regla formal sobre orientación. Y no se limita a edificios de oficinas o condominios: colegios, hospitales e instalaciones comerciales también lo incorporan sin restricción alguna por tipo de uso.
Historia y origen del teiso
El origen del teiso no está en Japón, sino que se remonta a la arquitectura en piedra del antiguo Oriente Próximo. Su arraigo en suelo japonés es, en cambio, relativamente reciente: data de la era Meiji (finales del siglo XIX) en adelante.
Sus raíces están en la antigua Mesopotamia
Se considera que las raíces del teiso se encuentran en la arquitectura en piedra de la civilización mesopotámica, hace varios milenios. En aquella época, la piedra base se utilizaba como punto de referencia al iniciar una construcción. Más adelante, en la Grecia y la Roma antiguas, esta práctica habría evolucionado hacia un ritual en el que se grababa una marca en la piedra de referencia del edificio y se rezaba para que la obra se completara sin contratiempos y para que la construcción perdurara en el tiempo —una tradición que, salvando las distancias, es la misma raíz cultural de la que también beben las ceremonias de «primera piedra» que hoy se celebran en España y América Latina—.
Es importante subrayar que este parentesco es solo de origen remoto: el recorrido posterior de ambas costumbres ha sido muy distinto. En el mundo hispanohablante, la «primera piedra» se mantuvo como un acto casi siempre civil o eclesiástico, celebrado invariablemente al inicio de la obra y sin la posterior incorporación sistemática de una cápsula documental. En Japón, en cambio, el teiso se transformó con el tiempo en un ritual sintoísta con una secuencia litúrgica propia y en un objeto —el teiso-bako— pensado deliberadamente como archivo para el futuro. Para un lector que llega desde una tradición constructiva distinta, esta es precisamente la clave para entender el teiso: no como una curiosidad aislada, sino como una variante japonesa de un gesto universal —dejar constancia del nacimiento de un edificio—, moldeada por el sintoísmo, por la estética arquitectónica japonesa y por una relación particular con el paso del tiempo.
En Japón se consolidó en la era Meiji
El teiso se difundió en Japón durante la era Meiji (1868-1912). Tras la apertura del país, en pleno proceso de modernización, se construyeron numerosos edificios de estilo occidental, y se considera que la costumbre del teiso llegó de la mano de los ingenieros y arquitectos occidentales que se encargaban de su diseño y supervisión. También se dice que la costumbre de guardar documentos en una caja —el teiso-bako— detrás de la placa comenzó hacia el final de la era Meiji. Con el paso del tiempo, la forma de instalarlo fue cambiando poco a poco: por ejemplo, pasó de colocarse al inicio de la obra a instalarse en la fase de acabados, como se explicará más adelante.
¿Qué guardan la placa y la caja de teiso?
Detrás del teiso-ita puede estar empotrado un recipiente llamado teiso-bako (定礎箱), que contiene documentos y objetos conmemorativos de la época en que se construyó el edificio. Es, probablemente, el aspecto más fascinante de todo este ritual: una auténtica cápsula del tiempo arquitectónica.
¿Dónde está exactamente el teiso-bako?
El teiso-ita queda encastrado en el muro del edificio, y el teiso-bako se empotra justo detrás. Para la caja suelen emplearse materiales resistentes a la corrosión, como cobre o acero inoxidable, aunque también existen versiones de madera. El objetivo es maximizar la hermeticidad para conservar el contenido durante el mayor tiempo posible.
Qué suele guardarse en el teiso-bako
No hay ninguna norma sobre qué debe introducirse en el teiso-bako, pero se eligen objetos capaces de transmitir a generaciones futuras cómo era la construcción en ese momento: cumple, en la práctica, el papel de una cápsula del tiempo. Entre los objetos más habituales se encuentran los siguientes:
- Los planos de diseño del edificio
- Una placa con los nombres del promotor y de los responsables de la construcción
- Fotografías tomadas durante la obra o en el momento de su finalización
- El periódico del día en que se celebró el teiso-shiki
- Monedas o billetes en circulación en aquel momento
- Un amuleto (o-fuda) del ujigami, la deidad sintoísta protectora del barrio o la familia
- Revistas u objetos representativos de la época
Esta costumbre no se limita a grandes edificios de oficinas o naves industriales: en los últimos años cada vez es más frecuente ver teiso-bako incorporados también en viviendas unifamiliares. En esos casos, el contenido suele personalizarse todavía más: los planos de la propia casa, el periódico del día de finalización de la obra, fotografías familiares o incluso cartas escritas por los hijos. No hay una respuesta única sobre qué guardar; lo aconsejable es elegir aquello que, el día en que la caja se abra, permita a la familia recordar cómo era su vida en ese momento.
Para que los documentos guardados se conserven en buen estado durante décadas, es fundamental elegir una caja muy hermética y evitar la humedad. El papel se deteriora con relativa facilidad con el paso del tiempo, así que conviene proteger fotografías y documentos con materiales resistentes antes de guardarlos.
¿Cuándo se abre el teiso-bako?
Por norma general, el teiso-bako solo se abre cuando el edificio se reconstruye o se derriba. No es raro que pasen varias décadas desde su instalación —incluso cerca de un siglo en el caso de grandes edificios— antes de que se abra por primera vez.
Por eso, el contenido de un teiso-bako se convierte en un documento histórico de gran valor sobre la época en que fue sellado. En ocasiones, al planificar el proceso y el coste de la demolición de edificios históricos, aparece un teiso-bako y el hallazgo acaba siendo noticia. De hecho, en distintos puntos de Japón se han ido descubriendo cajas de este tipo a lo largo de los años; los siguientes casos ilustran bien su valor documental.
La caja de paulonia hallada en el Edificio 5 del Gobierno de la Prefectura de Miyazaki
En la prefectura de Miyazaki se encontró una caja de teiso-bako fabricada en madera de paulonia (kiri) durante las obras de traslado (曳家, hikiya, la técnica japonesa de desplazar un edificio entero sin desmontarlo) del Edificio 5 del Gobierno prefectural, construido originalmente en 1926 como sede del banco Miyazaki Nōkō. El edificio se había utilizado como centro de archivos de la prefectura, y el traslado se llevó a cabo para preservar esta construcción histórica al levantar en su antiguo emplazamiento una nueva sede destinada a la gestión de catástrofes. Dentro de la caja empotrada tras la placa se hallaron una placa de plata conmemorativa del teiso, el periódico de la época en que se celebró el teiso-shiki y monedas entonces en circulación. Abierto por primera vez tras unos noventa años, el contenido se conservó y se hizo público como material documental, y hoy sigue transmitiendo cómo era la construcción en aquel momento.
La caja de cobre de la antigua sede central de IBM Japón
En la antigua sede central de IBM Japón (finalizada en 1971), demolida con motivo de un proyecto de reurbanización, se encontró tras la placa de teiso una caja de cobre. Dentro, herméticamente sellada, se conservaban periódicos generalistas y en inglés de la fecha de finalización, publicaciones especializadas del sector de la construcción, los planos del edificio, fotografías del momento de su terminación y una placa de latón con los nombres de los responsables del proyecto. Se informó de que, entre otros hallazgos de valor para la historia de la arquitectura, los planos conservaban la firma del propio arquitecto. La existencia de este teiso-bako era poco conocida incluso dentro de la empresa, y su apertura provocó sorpresa entre los presentes.
El teiso-bako de la era Meiji descubierto en la Universidad de Tokio
En la Universidad de Tokio, durante las obras de investigación previas a la construcción de una nueva biblioteca, se halló una caja metálica de teiso entre los cimientos de ladrillo de la antigua biblioteca, que había ardido en el gran terremoto de Kantō de 1923. En su interior había una placa metálica envuelta en un ejemplar del boletín oficial (官報, kanpō) del año 23 de la era Meiji (1890), en la que se grababa la finalización de la biblioteca de la Universidad Imperial y los nombres del supervisor de obra y del diseñador. Como la identidad de este último no se conocía hasta entonces con certeza, el hallazgo se consideró un material de gran valor. Los casos de teiso-bako confirmados en edificios de la era Meiji son escasos, por lo que este descubrimiento se valora como un dato importante para reconstruir la historia de la arquitectura japonesa.
El teiso-bako hallado en la reconstrucción de un campus universitario
También en el campus de Neyagawa de la Universidad de Electrocomunicaciones de Osaka se extrajo una caja metálica de teiso de detrás de la placa, antes de demoler un edificio académico terminado en 1967. La caja, de doble compartimento, contenía una placa conmemorativa, tarjetas de visita de las personas que participaron en la construcción, los planos de edificación del campus, monedas en circulación en aquel momento y el periódico del día de finalización de la obra. Este material, que había permanecido «dormido» durante medio siglo, se recibió en todos los casos como un registro valioso de aquella época.
Estos hallazgos demuestran que el teiso-bako no es un simple recuerdo simbólico, sino también una fuente histórica que transmite hasta hoy el registro de una época concreta. Mientras avanza la renovación de edificios antiguos en el área metropolitana de Tokio y en otras zonas del país, es muy probable que, en este mismo momento, se esté abriendo en algún lugar un teiso-bako más. Es, en cierto modo, un testimonio silencioso del valor del propio paso del tiempo que un edificio ha acumulado. Para un lector acostumbrado a la idea occidental de la «cápsula del tiempo» —una práctica que en países como Estados Unidos o algunos de habla hispana suele ser un gesto simbólico y puntual, casi siempre ligado a un aniversario o a un edificio institucional—, lo llamativo del caso japonés es su carácter sistemático: el teiso-bako no es una excepción curiosa, sino una práctica extendida y casi rutinaria en la construcción de edificios de cierta entidad desde hace más de un siglo, lo que explica por qué siguen apareciendo con tanta frecuencia en las noticias locales cada vez que se derriba un edificio antiguo.
¿Qué es el teiso-shiki y en qué consiste esta ceremonia?
El teiso-shiki (定礎式) es la ceremonia en la que, al colocar el teiso-ita en el edificio, se pide protección para que la obra transcurra sin incidentes y prosperidad para la construcción. Suele oficiarla un sacerdote sintoísta (神主, kannushi) invitado de un santuario, y se enmarca dentro del conjunto de rituales vinculados a la construcción en Japón —un universo ceremonial sin equivalente directo en la tradición católica o civil de la colocación de la primera piedra en España y América Latina, donde el componente religioso, cuando existe, suele ser una bendición puntual y no una secuencia litúrgica propia—.
¿En qué momento de la obra se celebra el teiso-shiki?
Puesto que el teiso consiste, originalmente, en fijar el ishizue, lo lógico habría sido celebrarlo al inicio de la obra. Sin embargo, como los métodos constructivos actuales ya no incluyen el proceso de asentar piedras base, hoy es habitual celebrarlo cuando la obra entra en su fase de acabados, o incluso poco antes de su finalización. Por eso la fecha grabada en la placa no siempre coincide con la fecha de inicio de obra.
El desarrollo habitual del teiso-shiki
En el teiso-shiki, antes de encastrar la placa se realiza una purificación (お祓い, oharai) para pedir que la obra concluya sin incidentes y que el edificio disfrute de una larga vida útil. Cuando se invita a un sacerdote sintoísta, la ceremonia suele seguir una secuencia ritual propia: primero el shubatsu (修祓), que purifica el cuerpo y el espíritu de los asistentes; después el kōshin (降神の儀), la invocación de la deidad; el kensen (献饌), la ofrenda de alimentos; y el norito sōjō (祝詞奏上), la lectura de las plegarias sintoístas —hasta llegar, finalmente, al propio rito del teiso.
En el rito del teiso propiamente dicho, se lee en voz alta una plegaria por la larga prosperidad del edificio, se retira el paño que cubre la placa, se vierte mortero en el hueco de instalación y se encastra la placa en su posición definitiva. Antes de dar por concluida la instalación se comprueba que la placa quede perfectamente horizontal y vertical. La ceremonia se cierra con los asistentes ofreciendo una rama sagrada (玉串, tamagushi) para pedir protección sobre el terreno y sobre las personas implicadas, seguido de un rito de despedida a la deidad. Dicho esto, esta es solo la forma representativa: según el edificio y el criterio del promotor, no es raro que la ceremonia se simplifique de manera considerable.
Conviene aclarar, para quien no esté familiarizado con el sintoísmo, que la presencia de un sacerdote y de una secuencia ritual no convierte el teiso-shiki en un acto de culto exclusivo ni excluyente: en la práctica empresarial japonesa se entiende como una costumbre cultural y protocolaria, comparable en su función social a una inauguración o a una bendición institucional en el mundo hispanohablante, y suelen participar en ella tanto empleados como directivos, con independencia de sus creencias personales.
Diferencias con el jichinsai y el jōtōshiki
Además del teiso-shiki, la construcción en Japón conoce otros hitos ceremoniales. Conviene distinguirlos con claridad, porque suelen confundirse entre sí:
- Jichinsai (地鎮祭): se celebra antes de iniciar la obra, para comunicar el proyecto de construcción a la deidad del terreno y pedir seguridad durante los trabajos.
- Jōtōshiki (上棟式): se celebra a mitad de obra, cuando la estructura ya está levantada, para agradecer que el «izado de la viga cumbrera» haya concluido sin incidentes y pedir seguridad para el resto de la construcción.
- Shunkōshiki (竣工式): es la ceremonia en la que se comunica a la deidad la finalización de la obra; el teiso-shiki suele celebrarse antes de este acto.
Si el jichinsai marca el «inicio» y el shunkōshiki celebra la «finalización», el teiso-shiki se sitúa entre ambos como el hito que deja constancia conmemorativa del edificio.
¿Existe obligación legal de instalar un teiso?
No existe ninguna obligación legal de instalar un teiso. No lo exige la Ley de Normas de Construcción (建築基準法, Kenchiku Kijun Hō) ni ninguna otra normativa japonesa: se trata, exclusivamente, de una costumbre de origen antiguo. La decisión de instalarlo, y el lugar donde hacerlo, queda por completo en manos del promotor de la obra. Por eso existen también muchísimos edificios sin ningún teiso.
¿Se puede instalar un teiso en una vivienda unifamiliar?
No hay ningún inconveniente en incorporar un teiso o un teiso-bako en una vivienda unifamiliar. Se puede entender como una plegaria por la seguridad de la obra, o como una cápsula del tiempo que en el futuro permitirá a la familia recordar cómo era todo en el momento de la construcción. Cuando se instala, lo habitual es colocar una placa con la fecha de finalización y el nombre del propietario cerca de la entrada o en la esquina sureste, y hay quien elige la ubicación teniendo en cuenta el kasō (geomancia de la vivienda) o el fūsui (feng shui).
Las viviendas unifamiliares suelen llegar a su momento de reconstrucción al cabo de varias décadas, y ese día —ya sea el propio propietario original o la generación siguiente— puede convertirse en la ocasión de abrir el teiso-bako. Conocer con antelación el coste y el procedimiento de una reconstrucción facilita planificar este tipo de detalles con más margen. Decidir en familia qué guardar dentro de la caja puede convertirse, en sí mismo, en un momento que refuerza el vínculo con la propia vivienda.
Lo que un profesional inmobiliario recomienda tener en cuenta
Dicho esto, desde la perspectiva del inmueble como activo patrimonial conviene tener presentes algunos matices. En el teiso-ita suele grabarse el nombre del propietario y la fecha, es decir, información de carácter personal; si esa placa permanece intacta en el momento de vender la vivienda, esos datos quedan expuestos a la vista de terceros. En INA&Associates, cuando asesoramos a clientes en procesos de venta, revisamos con cuidado cómo se gestiona este tipo de información.
El teiso en sí mismo no determina de forma significativa el valor de mercado del inmueble, pero todo edificio ve variar su valor con el paso del tiempo. Entender cómo se deprecia el valor de un inmueble con los años y cómo mantenerlo resulta útil tanto para quien piensa habitar la vivienda a largo plazo como para quien contempla una eventual venta. Precisamente porque el teiso registra el tiempo que un edificio ha recorrido, merece la pena situarlo junto al análisis del inmueble como activo patrimonial, y no solo como curiosidad cultural.
Para un inversor extranjero que evalúa un edificio japonés desde España o América Latina, este es también un detalle práctico de la diligencia debida (due diligence) que conviene no pasar por alto: al recorrer un edificio comercial o residencial en Japón, una placa de teiso visible junto a la entrada permite, en muchos casos, verificar de forma independiente la fecha real de finalización de la obra y, en ocasiones, el nombre del promotor original, información que resulta útil para contrastar con la documentación registral y con la antigüedad declarada del inmueble. No es un sustituto de los informes técnicos ni de la escritura registral, pero sí una pista adicional, gratuita y públicamente visible, sobre la historia real de un activo antes de decidir una compra a distancia.
Preguntas frecuentes (FAQ)
P1. ¿La instalación del teiso es obligatoria por ley?
No existe ninguna obligación legal de instalar un teiso. Es una costumbre constructiva, y tanto la decisión de instalarlo como el lugar donde hacerlo quedan a criterio del promotor de la obra. Por eso hay también muchos edificios sin teiso.
P2. ¿Qué suele contener el teiso-bako?
Es habitual encontrar planos de diseño del edificio, periódicos de la época de construcción, placas con los nombres de los responsables, y monedas o billetes en circulación en aquel momento. No hay ninguna regla sobre qué introducir: se eligen objetos que, como una cápsula del tiempo, transmitan cómo era la construcción en ese momento.
P3. ¿Cuándo se abre el teiso-bako?
Por norma general, el teiso-bako se abre únicamente cuando el edificio se reconstruye o se derriba. No es raro que se abra por primera vez varias décadas después de instalarse —incluso cerca de un siglo en grandes edificios—, momento en el que se convierte en un documento histórico de gran valor sobre aquella época.
P4. ¿Qué indica la fecha grabada en el teiso?
En la mayoría de los casos, la fecha grabada en el teiso indica el día en que se celebró el teiso-shiki. Antiguamente se grababa la fecha de inicio de obra, pero como hoy la ceremonia suele celebrarse en la fase de acabados, conviene tener presente que esa fecha no siempre coincide con el inicio ni con la finalización real de la construcción.
