El liderazgo no es algo que se complete en el instante en que se obtiene un cargo. Más bien, la diferencia aparece en cuánto se es capaz de seguir aprendiendo después de asumir una responsabilidad. Tanto los empresarios como los directivos necesitan actualizar continuamente su forma de pensar de acuerdo con los cambios.
Lo que tienen en común los líderes que siguen creciendo
Cuanto más sólido es un líder, menos se apresura a buscar respuestas y más observa tanto la voz del terreno como los datos. Es importante no juzgar solo desde la propia experiencia de éxito, sino reformular las preguntas según cambie el entorno. La actitud de seguir aprendiendo también influye en el ambiente de toda la organización.
El liderazgo se define en las acciones de cada día
Escuchar hasta el final a cada miembro del equipo, compartir las razones de una decisión y mantener la integridad incluso en situaciones difíciles. La acumulación de estas acciones genera confianza. El trabajo de un líder no consiste solo en hablar de principios, sino en demostrarlos con su comportamiento diario.
Lo que hay que soltar para crecer
Cuanta más experiencia se acumula en gestión y dirección, más aumentan las ideas preconcebidas del tipo “antes era así”. Precisamente por eso, es indispensable reservar tiempo para cuestionar los propios supuestos e incorporar nuevos conocimientos y la perspectiva de otras personas. Aprender no consiste solo en aumentar el conocimiento, sino también en renovar premisas antiguas.
En INA, consideramos que el liderazgo no es una cualidad individual, sino algo que se cultiva dentro de la organización. Que los propios directivos sigan aprendiendo y lo demuestren es el mensaje más poderoso para impulsar el crecimiento de la siguiente generación.