Los activos financieros (金融資産, kin'yū shisan) son el término que engloba el efectivo, los depósitos bancarios, las acciones, los bonos, los fondos de inversión y los seguros: todo aquello que el mercado puede convertir en dinero o valorar económicamente. Se definen por oposición a los «activos reales» (実物資産, jitsubutsu shisan) —terrenos, edificios y otros bienes con forma física— y se caracterizan por expresar su valor en términos monetarios y por poder convertirse en efectivo en un plazo relativamente corto. En nuestra firma, dedicada al sector inmobiliario, recibimos constantemente consultas del tipo «¿cómo debería combinar mis activos financieros con la inversión inmobiliaria?». Este artículo repasa, desde los fundamentos, qué son los activos financieros y sus tipos, en qué se diferencian de los activos reales, qué ventajas y riesgos implica su gestión, y cómo encontrar el equilibrio adecuado con la inversión inmobiliaria: una pregunta que, como veremos, se plantea de forma bastante distinta en Japón que en el mundo hispanohablante.
En sentido estricto, los activos financieros son bienes sin forma física cuyo valor monetario procede de un contrato o de un derecho: el efectivo, los depósitos, los bonos, las acciones, los fondos de inversión y los seguros son los ejemplos más comunes. Su rasgo compartido es que pueden comprarse, venderse o cancelarse en el mercado y convertirse en dinero con relativa rapidez. En cambio, los bienes con forma física —inmuebles, oro, metales preciosos, automóviles— se consideran «activos reales» y quedan fuera de esta categoría. Los principales tipos de activos financieros son: efectivo y depósitos, bonos, acciones, fondos de inversión y ETF, y seguros con componente de ahorro.
Puntos clave de este artículo
- Los activos financieros son el conjunto de efectivo, depósitos, acciones, bonos, fondos de inversión y seguros que el mercado puede convertir en dinero o valorar.
- Se diferencian de los activos reales, como el inmobiliario o el oro, en tres aspectos: si tienen forma física, su liquidez y su resistencia a la inflación.
- Los principales tipos son efectivo y depósitos, bonos, acciones, fondos de inversión/ETF y seguros, y su rentabilidad esperada suele ser proporcional al riesgo asumido.
- Su fuerza está en la alta liquidez, la posibilidad de empezar con importes pequeños y la facilidad para diversificar, aunque conllevan riesgo de mercado, de crédito y de inflación.
- Combinar activos financieros fácilmente convertibles en efectivo con inmuebles que generan ingresos estables ayuda a estabilizar el patrimonio en su conjunto.
¿Qué son los activos financieros? Una explicación clara
Los activos financieros son el conjunto de efectivo, depósitos, acciones, bonos, fondos de inversión y seguros que el mercado puede convertir en dinero o valorar económicamente. Lo que tienen en común es que carecen de forma física y que su valor se expresa en términos monetarios. Antes de nada, conviene fijar la definición y su diferencia con los activos reales.
Definición de los activos financieros
Un activo financiero es un bien cuyo valor monetario procede de un contrato o de un derecho. Existen soportes físicos —certificados de acciones, libretas de depósito—, pero su valor no reside en el objeto en sí, sino en la solvencia del emisor o en el equilibrio entre oferta y demanda del mercado.
El patrimonio se divide, a grandes rasgos, en «activos reales» y «activos financieros». Los activos reales son bienes con forma física: inmuebles, terrenos, edificios, oro, metales preciosos, automóviles. Los activos financieros son derechos sin forma física: efectivo, depósitos, acciones, bonos, fondos de inversión, seguros. Tener clara esta distinción facilita diseñar la estructura del patrimonio en su conjunto.
Qué se incluye y qué no se incluye entre los activos financieros
Para saber si un bien cuenta como activo financiero, el criterio más práctico es preguntarse si puede valorarse o convertirse en dinero a través del mercado o de una cancelación contractual. Esta es la clasificación habitual:
| Categoría | Ejemplos concretos | Características |
|---|---|---|
| Se consideran activos financieros | Efectivo, cuentas corrientes y depósitos a plazo, acciones, deuda pública y bonos corporativos, fondos de inversión y ETF, seguros de ahorro, depósitos en moneda extranjera | Sin forma física, fáciles de valorar y convertir en dinero |
| No se consideran activos financieros (activos reales) | Inmuebles (terrenos y edificios), oro y platino, automóviles, pintura y antigüedades, maquinaria industrial | Con forma física, suelen tardar más en convertirse en dinero |
Un mismo «activo» puede caer en un lado u otro según su forma jurídica: un apartamento en propiedad destinado al alquiler es un activo real, pero un REIT —un fondo de inversión inmobiliaria cotizado (不動産投資信託, fudōsan tōshi shintaku, la versión japonesa del REIT, también llamada J-REIT)— respaldado por ese mismo tipo de edificio es un activo financiero. Es decir, un mismo inmueble cambia de categoría según se posea de forma directa o titulizada. Profundizamos en esta diferencia en ventajas y desventajas de la inversión inmobiliaria directa frente a los REIT.
Diferencias entre activos financieros y activos reales
Las diferencias entre activos financieros y activos reales se concentran, sobre todo, en tres puntos: liquidez, volatilidad del precio y resistencia a la inflación. No se trata de que un tipo sea superior al otro, sino de que sus propiedades se complementan.
| Criterio de comparación | Activos financieros | Activos reales (inmobiliario, etc.) |
|---|---|---|
| Liquidez (facilidad para convertir en dinero) | Alta (de un día a varios días) | Baja (de varios meses a varios años) |
| Volatilidad del precio | Fuertes oscilaciones a corto plazo | Oscilaciones a corto plazo relativamente moderadas |
| Resistencia a la inflación | Varía según el producto | Se considera comparativamente alta |
| Importe mínimo necesario | Desde importes pequeños (desde unos cientos de JPY, aprox. 2-3 €) | Requiere un capital considerable |
| Principal fuente de rentabilidad | Intereses, dividendos, plusvalía | Ingresos por alquiler, plusvalía |
En cuanto a liquidez, las acciones y los fondos de inversión pueden venderse en poco tiempo mientras el mercado esté abierto. El inmobiliario, en cambio, puede tardar de varios meses a varios años en venderse. En volatilidad, los activos financieros reaccionan a diario a noticias y al sentimiento del mercado, mientras que el precio del inmobiliario se forma en función de la ubicación y del equilibrio entre oferta y demanda a medio y largo plazo, por lo que sus oscilaciones a corto plazo tienden a ser relativamente menores.
En resistencia a la inflación, los activos reales suelen llevar ventaja: cuando suben los precios, el valor de terrenos y edificios tiende a subir con ellos, mientras que productos de renta fija como los bonos pueden perder valor real. Este mecanismo cobra especial relevancia en el mercado japonés, marcado por décadas de tipos de interés próximos a cero —una situación muy distinta a la de España o Latinoamérica, donde la inflación y los tipos de interés han sido, en general, bastante más altos y volátiles—. Se explica con más detalle en Estrategias de Inversión Inmobiliaria para Proteger tu Patrimonio en 2023.
Tipos de activos financieros y sus características
Los tipos de activos financieros se agrupan, a grandes rasgos, en efectivo y depósitos, bonos, acciones, fondos de inversión/ETF y seguros. Cada uno tiene un nivel de riesgo y de rentabilidad distinto, y cumple una función diferente. Veamos primero las características de cada tipo.
Efectivo y depósitos
El efectivo y los depósitos son el activo financiero más básico. Incluyen la cuenta corriente, el depósito a plazo y la cuenta ordinaria: el capital queda protegido y la liquidez es extremadamente alta. Cumplen la función de gestionar el día a día y de cubrir gastos imprevistos.
En un entorno de tipos de interés bajos —la norma en Japón desde hace más de dos décadas, a diferencia de los ciclos de tipos altos que han vivido muchos países hispanohablantes— su rentabilidad es limitada, pero mantener una proporción en depósitos como base de la gestión patrimonial sigue considerándose importante. Como referencia habitual, se recomienda reservar en depósitos el equivalente a entre tres y seis meses de gastos de vida como fondo de emergencia.
Bonos
Los bonos son certificados que emiten los estados o las empresas para obtener financiación. Si se mantienen hasta el vencimiento, en principio se cobran el principal y los intereses. Existen deuda pública, bonos municipales, bonos corporativos y bonos extranjeros.
La deuda pública, al estar respaldada por el Estado, tiene un riesgo de crédito bajo y resulta adecuada para quien prioriza la seguridad. El bono corporativo varía en rentabilidad y riesgo según la solvencia de la empresa emisora, y lo eligen quienes buscan una rentabilidad mayor. En los bonos hay que vigilar dos cosas: la variación de precio por el movimiento de los tipos de interés y el riesgo de crédito del emisor.
Acciones
Las acciones son valores que representan una parte de la propiedad de una empresa. Si la empresa crece, su valor puede subir, y generan rentabilidad tanto por dividendos como por plusvalía. Cumplen un papel central en la formación de patrimonio a largo plazo.
El precio de una acción no depende solo de los resultados de la empresa, sino también de la evolución del sector y de la economía en general. Como sus oscilaciones a corto plazo son amplias, conviene abordarlas con una perspectiva de largo plazo.
Fondos de inversión y ETF
Un fondo de inversión es un mecanismo mediante el cual profesionales de la gestión invierten, de forma diversificada, el capital aportado por muchos inversores en acciones, bonos u otros activos. Su fuerza está en que se puede empezar con importes pequeños (desde unos cientos de JPY, aprox. 2-3 €) y diversificar sin necesidad de conocimientos especializados.
El ETF (fondo cotizado en bolsa) es un tipo de fondo de inversión, pero se compra y se vende en el mercado bursátil igual que una acción. Los ETF indexados, que replican un índice, destacan por buscar una rentabilidad cercana a la media del mercado con costes bajos. Son un producto habitual para quien empieza a diversificar.
Seguros con componente de ahorro
El seguro de vida entera, el seguro dotal y el seguro de pensión individual —productos con componente de ahorro— también se consideran activos financieros. Permiten acumular capital mientras se mantiene la cobertura del seguro, pero si se cancelan antes de tiempo pueden devolver menos que el capital aportado, por lo que su liquidez no es alta. Conviene distinguir claramente si la prioridad es la cobertura o el ahorro.
Tabla comparativa de las características de los activos financieros
Ordenando los tipos anteriores según riesgo, rentabilidad esperada, liquidez e importe mínimo de inversión, queda así. Los valores cambian con las condiciones del mercado, así que tómelos como una tendencia general.
| Tipo de activo | Riesgo | Rentabilidad esperada | Liquidez | Importe mínimo orientativo | Principal fuente de rentabilidad |
|---|---|---|---|---|---|
| Cuenta corriente | Extremadamente bajo | Extremadamente baja | Extremadamente alta | Desde unos cientos de JPY (aprox. 2-3 €) | Intereses |
| Depósito a plazo | Extremadamente bajo | Baja | Media | Desde 10.000 JPY (aprox. 59 €) | Intereses |
| Deuda pública | Bajo | Baja | Media | Desde 10.000 JPY (aprox. 59 €) | Intereses |
| Bono corporativo | Medio | Media | Media | Desde 100.000 JPY (aprox. 590 €) | Intereses |
| Acciones | Alto | Alta | Alta | Desde varias decenas de miles de JPY (aprox. 180-290 €) | Dividendos y plusvalía |
| Fondos de inversión | Medio-alto | Media-alta | Alta | Desde unos cientos de JPY (aprox. 2-3 €) | Reparto de beneficios y plusvalía |
| ETF | Medio-alto | Media-alta | Extremadamente alta | Desde varios miles de JPY (aprox. 18-30 €) | Reparto de beneficios y plusvalía |
La relación entre riesgo y rentabilidad
Una de las ideas más importantes en los activos financieros es la relación entre riesgo y rentabilidad. Por regla general, cuanto mayor es la rentabilidad que se puede esperar de un activo, mayor es también el riesgo de que su precio fluctúe. A esto se le llama «relación riesgo-rentabilidad» y es un principio básico de la inversión.
Productos como los depósitos, en los que el capital está protegido, ofrecen alta seguridad, pero su rentabilidad tiende a quedarse por debajo de la inflación. Las acciones pueden ofrecer una rentabilidad alta, pero también existe la posibilidad de perder parte del capital. Elegir el nivel de riesgo adecuado según la edad, los ingresos, la composición familiar y la experiencia inversora es la clave para construir un patrimonio sin forzar la situación personal.
¿Cuánto patrimonio financiero tiene una familia japonesa?
Esta es una pregunta que se plantean muchos inversores extranjeros que valoran instalarse en Japón o comparar el mercado japonés con el de su país de origen: ¿cuánto es «normal» tener en activos financieros? Las estadísticas muestran una diferencia notable entre la media y la mediana, y también hay variación según la composición del hogar y la generación. Conviene tomar estas cifras como una simple referencia.
Según la «Encuesta de opinión pública sobre el comportamiento financiero de los hogares» (2024) del J-FLEC (金融経済教育推進機構, Organismo Japonés para la Promoción de la Educación Financiera y Económica), los hogares de dos o más miembros tienen, de media, unos 13.000.000 JPY (aprox. 76.500 €) en activos financieros. Sin embargo, la media tiende a inflarse por los hogares con patrimonios muy grandes, y la mediana se sitúa solo en el rango de varios millones de JPY —aproximadamente entre 2.000.000 y 9.000.000 JPY (aprox. 11.800 € - 52.900 €)—. Para la mayoría de los hogares, la mediana refleja mejor la realidad que la media.
A diferencia de mercados como el español o el latinoamericano, donde buena parte del ahorro familiar suele destinarse desde edades tempranas a la vivienda propia o a fondos de pensiones privados, en Japón el hábito histórico —heredado de décadas de tipos de interés casi nulos— ha sido mantener una proporción muy alta del patrimonio en efectivo y depósitos bancarios, incluso a costa de una rentabilidad casi nula. Este comportamiento conservador explica en parte por qué el Gobierno japonés ha impulsado programas como el nuevo NISA, que veremos más adelante, para animar a las familias a mover parte de ese ahorro hacia productos de inversión.
Lo importante no es compararse con los demás, sino acumular la cantidad adecuada al propio objetivo y plazo. Planificar hacia atrás desde el momento en que se necesitará el dinero —jubilación, educación de los hijos, compra de vivienda— ayuda a concretar la cifra objetivo. Sobre cómo piensa el segmento con un patrimonio financiero neto considerable, puede resultar útil qué se considera «clase adinerada» en Japón: la realidad de quienes superan los 100.000.000 JPY (aprox. 588.200 €) en activos financieros netos.
Ventajas y riesgos de gestionar activos financieros
Gestionar activos financieros ofrece ventajas como la liquidez, la posibilidad de empezar con importes pequeños y la facilidad para diversificar, pero también implica riesgos de mercado y de crédito. Entender ambas caras es el punto de partida de una gestión patrimonial prudente.
Ventajas de gestionar activos financieros
Las fortalezas de los activos financieros pueden agruparse en cuatro puntos. Todos ellos aportan una agilidad que los activos reales, como el inmobiliario, no ofrecen.
- Alta liquidez: mientras el mercado esté abierto, pueden convertirse en efectivo en cuestión de días. Permite responder con flexibilidad a necesidades de dinero imprevistas o a cambios en el plan de vida.
- Se puede empezar con importes pequeños: los fondos de inversión permiten empezar desde unos cientos de JPY (aprox. 2-3 €), y las acciones desde varias decenas de miles de JPY (aprox. 180-290 €). Se puede ganar experiencia sin cargar la economía doméstica.
- Fácil de diversificar: con fondos de inversión o ETF, un único producto permite repartir la inversión entre cientos o miles de valores, combinando diversificación geográfica, sectorial y temporal.
- Acceso a la gestión de profesionales: a través de los fondos de inversión, se puede delegar en gestores profesionales el análisis de mercado y el acceso a activos internacionales que serían difíciles de abordar en solitario.
Poder empezar con importes pequeños es especialmente valioso para quien no está familiarizado con la inversión. Aportar una cantidad fija cada mes también permite beneficiarse del promediado del coste, al repartir el momento de compra en el tiempo.
Riesgos de gestionar activos financieros
Los activos financieros conllevan los siguientes riesgos. No conviene evitarlos, sino conocerlos y prepararse para ellos: así se afrontan sin miedo excesivo.
- Riesgo de mercado: cuando cae el mercado en su conjunto, resulta difícil evitar pérdidas incluso con una cartera diversificada. La inversión a largo plazo y la diversificación entre clases de activos son las principales defensas.
- Riesgo de crédito: en bonos y bonos corporativos, existe la posibilidad de que, si empeora la situación financiera del emisor, no se paguen los intereses o el principal. Revisar la calificación crediticia y diversificar ayuda a mitigarlo.
- Riesgo de liquidez: en momentos de turbulencia en el mercado, o en valores poco negociados, puede no ser posible vender al precio deseado.
- Riesgo de inflación: cuando la inflación supera la rentabilidad obtenida, el poder adquisitivo real disminuye. Requiere especial atención en productos de tipo fijo.
Estos riesgos pueden suavizarse combinando activos de naturaleza distinta. Además de diversificar entre activos financieros, tener también inmuebles —cuyo comportamiento de precio sigue una lógica diferente— es una de las formas de conseguirlo.
El sistema fiscal y el uso del NISA y el iDeCo
Las ganancias obtenidas de los activos financieros están sujetas a impuestos. Sobre la plusvalía y los dividendos de acciones y fondos de inversión se aplica, en principio, un tipo del 20,315 % (15,315 % de impuesto sobre la renta e impuesto especial de reconstrucción, más un 5 % de impuesto municipal). Para aligerar esta carga, Japón cuenta con dos sistemas propios, sin equivalente exacto fuera del país: el NISA y el iDeCo.
El NISA (Nippon Individual Savings Account, «cuenta de ahorro individual de Japón») es un régimen japonés de exención fiscal para pequeños inversores. No tiene un equivalente exacto en España o Latinoamérica: se parece parcialmente a un plan de pensiones privado europeo, pero con mucha más flexibilidad de retirada. En el nuevo NISA, vigente desde 2024, el tramo de inversión periódica (積立, tsumitate, «aportaciones programadas») permite invertir hasta 1.200.000 JPY al año (aprox. 7.060 €), y el tramo de inversión para el crecimiento hasta 2.400.000 JPY al año (aprox. 14.120 €), con un total combinado de hasta 3.600.000 JPY al año (aprox. 21.180 €). El límite vitalicio exento de impuestos es de 18.000.000 JPY (aprox. 105.880 €), de los cuales hasta 12.000.000 JPY (aprox. 70.590 €) pueden corresponder al tramo de crecimiento; las ganancias obtenidas dentro de ese límite quedan exentas de impuestos.
El iDeCo (individual-type Defined Contribution pension plan, «plan de pensiones japonés de aportación individual definida») permite deducir el cien por cien de las aportaciones de la base imponible, lo que reduce el impuesto sobre la renta y el impuesto municipal. A diferencia de un plan de pensiones privado al uso en el mundo hispanohablante, con el iDeCo, en principio, no se puede retirar el dinero hasta los 60 años: una restricción de liquidez que conviene tener muy presente antes de aportar grandes sumas. Para conocer los requisitos y límites exactos, se recomienda consultar fuentes oficiales como el sitio especial sobre el NISA de la Agencia de Servicios Financieros de Japón.
Pasos básicos para incrementar los activos financieros de forma planificada
Para aumentar los activos financieros, el camino más corto no es elegir un producto de inmediato, sino ordenar la base paso a paso. Siguiendo esta secuencia, resulta más fácil mantener el rumbo sin forzar la situación personal.
- Asegurar un fondo de defensa para la vida diaria: primero, reservar en depósitos el equivalente a entre tres y seis meses de gastos de vida. Si esta base falla, se puede acabar forzado a vender en un momento de caída del mercado, en contra de lo que uno querría.
- Definir el objetivo y el plazo: para la jubilación, pensar en un horizonte de 20 a 30 años; para la educación de los hijos, de 10 a 15 años; y planificar hacia atrás desde el momento en que se necesitará el dinero. Cuanto más largo sea el plazo, más fácil resulta incorporar activos con oscilaciones de precio.
- Empezar por los sistemas con exención fiscal: dar prioridad a marcos con ventajas fiscales como el NISA o el iDeCo, y empezar diversificando con fondos de inversión indexados de bajo coste.
- Aportar una cantidad fija cada mes: aportar de forma periódica reparte el momento de compra y suaviza el riesgo de comprar en el punto más alto. No requiere anticipar el mercado y es un método fácil de mantener.
- Revisar una o dos veces al año: comprobar si la distribución de activos se ha desviado mucho de la política inicial y ajustarla si es necesario. Conviene evitar compraventas frecuentes.
Este orden resulta especialmente eficaz para quien no está familiarizado con la gestión de activos financieros. Una vez asentada la base, ampliar hacia activos reales como el inmobiliario con el capital sobrante contribuye a la estabilidad del patrimonio en su conjunto.
Cómo equilibrar los activos financieros y los inmuebles (activos reales)
Los activos financieros y los inmuebles no son opciones entre las que haya que elegir por superioridad, sino elementos cuyas propiedades se complementan. Combinar activos financieros fáciles de convertir en efectivo con inmuebles que generan ingresos estables por alquiler ayuda a estabilizar el patrimonio en su conjunto. Aquí es donde aportamos nuestra perspectiva particular, como firma especializada en el sector inmobiliario.
La alta liquidez de los activos financieros compensa la baja liquidez del inmobiliario. A la inversa, el flujo de caja estable del inmobiliario suaviza la volatilidad de precio de los activos financieros: cuando uno flaquea, el otro sostiene. Detallamos cómo plantear la proporción concreta en el equilibrio óptimo entre activos financieros y activos reales: estrategia de cartera.
Por ejemplo, tuvimos un cliente que mantenía la mayor parte de su patrimonio en acciones y fondos de inversión. Cada vez que el mercado caía, su ánimo se veía sacudido y le costaba mantener un plan a largo plazo. Al reorientar parte de su capital hacia un inmueble en alquiler, el ingreso mensual del alquiler —un flujo «que no se mueve»— le dio tranquilidad, y dejó de vivir pendiente de cada oscilación de sus activos financieros. Tanto en términos numéricos como psicológicos, tener activos de naturaleza distinta no es un matiz menor: en el mercado japonés, donde la ley protege fuertemente al inquilino y los contratos de alquiler suelen ser más estables y predecibles que en buena parte de Latinoamérica o incluso de Europa, este efecto amortiguador resulta todavía más marcado.
También en el terreno fiscal, ambos se complementan. La inversión inmobiliaria permite reducir la carga fiscal a través de la amortización contable, mientras que en los activos financieros se puede aprovechar la exención y la deducción del NISA y el iDeCo. Las ventajas propias de la inversión inmobiliaria se explican en las 5 ventajas de la inversión inmobiliaria y cómo gestionar sus riesgos. Si no se sabe por dónde empezar entre activos financieros e inmuebles, lo más realista es ganar primero experiencia con activos financieros de alta liquidez y, cuando el capital y el conocimiento hayan madurado, plantearse la inversión inmobiliaria.
En INA&Associates Inc. ponemos el foco en el sector inmobiliario, pero nos importa acompañar a nuestros clientes a pensar en el equilibrio del patrimonio en su conjunto, incluyendo los activos financieros. Partiendo de la idea de que las personas son el activo más valioso, transmitimos una visión de acumulación a largo plazo, sin dejarse arrastrar por las oscilaciones de corto plazo. Si tiene dudas sobre cómo combinar activos financieros e inmuebles, puede recurrir a la consulta gratuita de INA.
Preguntas frecuentes (FAQ)
P1. ¿Qué son los activos financieros? Explíquemelo de forma sencilla.
Los activos financieros son el conjunto de efectivo, depósitos, acciones, bonos, fondos de inversión y seguros: todo lo que el mercado puede convertir en dinero o valorar económicamente. Su rasgo común es que carecen de forma física y que su valor se expresa en dinero. Se distinguen de los «activos reales» con forma física, como el inmobiliario o el oro. La forma más sencilla de entenderlo es pensar en ellos como «activos monetarios fáciles de convertir en efectivo».
P2. ¿Cuál es la diferencia entre los activos financieros y los activos reales?
La gran diferencia se resume en tres puntos: si tienen forma física, su liquidez y su resistencia a la inflación. Los activos financieros no tienen forma física y son fáciles de convertir en dinero en poco tiempo, aunque tienden a oscilar más de precio. Los activos reales (el inmobiliario, por ejemplo) sí tienen forma física, tardan más en convertirse en dinero, pero se consideran comparativamente más resistentes a la inflación. Ambos se complementan, y combinarlos ayuda a estabilizar el patrimonio en su conjunto.
P3. ¿Desde qué importe se puede empezar con los activos financieros? ¿Cuál es la media?
Se puede empezar la gestión de activos financieros desde unos cientos de JPY (aprox. 2-3 €) con un fondo de inversión, o desde varias decenas de miles de JPY (aprox. 180-290 €) con acciones. Más que el importe, lo importante es acumular dentro de lo que se pueda mantener en el tiempo. Como referencia, la media de los hogares de dos o más miembros en Japón se sitúa en torno a 13.000.000 JPY (aprox. 76.500 €), pero la mediana queda solo en el rango de varios millones de JPY (aprox. 11.800 € - 52.900 €), con bastante variación según el hogar y la generación (J-FLEC, «Encuesta de opinión pública sobre el comportamiento financiero de los hogares», 2024). Se recomienda no compararse con los demás, sino perseguir la cifra adecuada al propio objetivo.
P4. ¿Qué debería priorizar, los activos financieros o el inmobiliario?
Más que decantarse por uno solo, lo básico es combinarlos con equilibrio. Como los activos financieros tienen alta liquidez y se puede empezar con importes pequeños, lo realista es ganar primero experiencia con ellos y, cuando el capital y el conocimiento hayan madurado, plantearse el inmobiliario. La proporción final depende de cada situación, pero tener tanto activos financieros fáciles de convertir en efectivo como inmuebles que generan ingresos estables ayuda a estabilizar el patrimonio en su conjunto.
P5. Entre el NISA y el iDeCo, ¿cuál debería priorizarse?
Lo ideal, si es posible, es aprovechar ambos, pero si hay que elegir, empezar por el NISA resulta más práctico. El NISA no impone restricciones para retirar el dinero y ofrece flexibilidad. El iDeCo permite deducir el cien por cien de las aportaciones, con un efecto fiscal notable, pero en principio no se puede retirar el capital hasta los 60 años. Combinarlo con el iDeCo conviene especialmente a quien tiene un tipo impositivo alto o puede mantener el dinero inmovilizado a largo plazo como ahorro para la jubilación.
